Entre pitidos y mentadas; la cantante Dulce se pasea por Polanco

En el café, en Polanco Las mentadas de madre; los cerrones de los “guaruras”; los celulares de todos tipos y la consecuente ignorancia de los acompañantes; el encuentro y el desencuentro; los amigos, los negocios, la espera… y en medio de todo ello, la aparición de una cantante que fue grande, reconocida, que perdió mucha audiencia desde que decidió irse a vivir a Cancún, pero que ahora está de paso en nuestra Ciudad de México.

Así es una tarde-noche en la zona de Polanco, allá por los rumbos de los hoteles de lujo, de los restaurantes caros, de los empresarios que asisten a su club en uno de eso majestuosos hoteles. Los mercedes benz, los audi, las cherokee, las suburban, las toyota, las lincoln, las durango, las yukón; los vidrios polarizados; los magnantes y sus choferes; así es la vida en este poniente de la ciudad de México.

Dulce entra al café, del brazo de un hombre peinado de colita de caballo, más chaparro que ella. Se meten y hacen su pedido. Unas chapatas para ambos, un buen café y a disfrutar del ambiente encendido de una noche que comienza a caer exactamente frente al Club de Industriales. Ella voltea, la miran discretamente; les sonríe y no dice palabra alguna. Toma su teléfono y habla; no le importa que escuchen su conversación. Nada de importancia.

Me levanto y pido su permiso para tomarle una fotografía. Es para mi blog, le digo. Da su consentimiento. “Permíteme, sólo déjame hacer una seña”; su acompañante llega en menos de dos segundos. Se para atrás de mi y me pide permiso para sentarse, en tono agresivo. Lo ignoro. Ella se limpia la boca después de haber dado una buena mordida a la chapata y voltea a verme. Tomo la foto, me doy la vuelta y me retiro del lugar. Me había acabado mi café y terminado de chismear a cuanto se sentaba a mi alrededor.

Más de una de hora de hacer tiempo, me permitió enteramente de lo profundo de las pláticas de los junior’s que se meten a este tipo de cafés, eso de las cadenas estadunidenses que están de boga en México: “no güey”, “mira cabrón”, son mis negocios y que le entre ahora porque si no le voy a decir que no. “Haces bien güey”. Lenguaje claro y entendible, un güey entre cada frase, porque si no no tiene chiste.

Sólo me faltó saber qué anda haciendo Dulce por la ciudad de México… pero me hizo recordar a aquella niña que al lado otra chica llamada Laura, hicieron un programa dirigido por Reynaldo López en Televisa llamado “Vamos a Cantar”. Eran el año de 1976; yo camarógrafo de estudio; la grabaciones las hacíamos en el Foro 2 de Televisa San Ángel… como han cambiado los tiempos, cuantos kilos hace de ello ¿Verdad Dulce?… pero sigue siendo tan guapa como antaño.

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